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La herencia del campeón

17/05/2010

Se despertó temprano, sudoroso y preocupado. Era una mañana soleada pero muy fría, sin embargo su cuerpo sufría el calor del nerviosismo. Despertó a su hijo, Claudio, en honor al ídolo de la infancia y juntos tomaron el desayuno. Ambos hablaban poco y no podían disimular la presión que tenían adentro por el día que les esperaba. Las dos entradas, inmaculadas, reposaban sobre el aparador del living. Cerca del mediodía su mujer, María, preparó unos ravioles con estofado que apenas pudo probar, tenía cerrado el estómago.

Tocaron el timbre y apareció su papa, Eugenio, el responsable del traspaso del sentimiento y los colores. Era el momento, había que ir al estadio. Salió junto a su hijo de su casa, ubicada en Boyacá y San Blás, enfrente del Diego Armando Maradona. Hoy la suerte se definía de visitante, por eso, la mirada perdida en la tribuna vacía y silenciosa, imaginando a toda la gente saltando y alentando hizo que se le escapara una lágrima, que pronto secó con su buzo oficial. Se subió al viejo Torino de su padre, reliquia pura y con un excelente cuidado, y el arranque marcó el inicio del viaje de tres generaciones de Ravera Bianchi por la ilusión.

Siguieron por Boyacá y su continuación Punta Arenas y doblaron a la derecha en San Martín. Continuaron por Díaz Velez y tomaron Medrano (Castro Barros después de Rivadavia). Luego vinieron Belgrano, Jujuy, Brasil y por último Solís. Decidieron estacionar en el cruce con Rondeau para zafar de los trapitos y además poder ir en caravana junto con la hinchada, caminando por Velez Sarsfield y luego Amancio Alcorta. El palacio Ducó ya tenía clima de final.

A las 15 ingresaron a la popular, para poder ubicarse en un lugar seguro y con buena visión. Eugenio mantenía aquel rosario bendecido en Luján y que había estado con los globetrotters en Asunsión. Él vestía, descolorida y arreglada, la camiseta de 1985 con el 9 cocido en la espalda, mientras que su hijo tenía, arriba de dos buzos que María le había obligado a usar, la adidas de 1997 que usaba el Polo Quinteros. Las cábalas estaban a la orden del día, todo valía para la gloria.

Lluvia de papelitos y las gargantas que ya empezaban a dejar todo anunciaron la salida del equipo. Se venían 90 minutos infartantes, esperando además las noticias que venían desde Santa Fe. Atrás se ubicaba el León de La Plata, que presionaba por obtener un nuevo título. El silbato del árbitro sonó en el palacio, y el partido estaba en marcha, mientras que la oreja escuchaba lo que los ojos no veían.

Los encuentros arrancaron casi simultáneamente, por lo que no había especulación de los tiempos de allá y de acá. A los 11 minutos, el histérico hincha que estaba al lado de Eugenio tiró la primera bomba con el gol de Boselli. 1-0 estaba Estudiantes, y el Bicho llegaba pero Monzón desactivaba todos los ataques de Argentinos. Cuando el reloj marcó 22, otra vez Boselli traía malas noticias desde Santa Fe, y la gente, aunque alentando, acusaba el golpe y la incertidumbre.

Dos minutos después, el éxtasis. La pelota abierta contra la izquierda y Coria que anticipó a Monzón, pese a que su centro fue muy pasado. Sosa no asumió la pelota por perdida y la fue a buscar, y su centro preciso desde la derecha encontró el hombro del Pelado Mercier, quien había iniciado la jugada. 1-0. Fiesta en la popular visitante. Eugenio lloraba y Claudito no paraba de saltar y alentar.

El primer tiempo terminó y el segundo trajo dos goles más de Estudiantes, que  sentenciaron el trámite en el cementerio de los elefantes, por lo tanto la definición tenía los ojos puestos en el Ducó. El Bicho, con pocas piernas, siguió en ataque y aunque el Globo no inquietaba, los minutos eran días y pasaban muy lentamente. Pero la tarde todavía guardaba emociones.

32 minutos. Oberman abre la pelota a la derecha a Prósperi, que decidió retroceder con Ortigoza. El centro del volante descolocó a la defensa de Huracán, que salía escalonadamente y dejó habilitado a Sosa. El Chuco se lanzó en palomita frente a Monzón y el balón se estrelló con el palo, pero Coria capturó el rebote y con el arco vacío desató un nuevo temblor. La Paternal festejaba el 2-0 y el campeonato estaba ahí.

No importó el descuento del Globo. Eugenio, afortunado asistente a todas las vueltas del Bicho, cantaba sin cesar. Claudito, debutante en esto de las vueltas, saltaba y alentaba junto a su abuelo. Él, con la herencia del ídolo, tenía la cara tapada por sus manos y la emoción a flor de piel. De a poco fue entendiendo el grito de la hinchada, que lo llenaba, lo movía y lo alegraba. Las palabras salieron solas de su boca, inmortalizando al héroe silencioso y humilde que los llevó a la gloria. !Que de la mano, del Bichi Borghi, todos la vuelta vamos a dar!.

Felicitaciones Asociación Atlética Argentinos Juniors, campeón del Torneo Clausura 2010.

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7 comentarios leave one →
  1. Fede Gauna permalink
    17/05/2010 20:56

    Querido, gracias por estas palabras. Mentiria si dijera que no se me escapo un lagrimon, palmaste lo que todo hincha sentia, sintio y no dejara de sentir de manera esplendidad. Gracias nuevamente y te felicito por este blog.

  2. 18/05/2010 00:50

    espectacular Pablito, se me puso la piel de gallina.. lo lograste! jaja un abrazo tripero

  3. Anónimo permalink
    18/05/2010 16:44

    muy bueno. felicitaciones. excelente como con pequeñas cosas expresaste mucho!

  4. luz permalink
    18/05/2010 21:58

    muuy muy bueno pablito!!me encantó!
    voy a estar visitandote para ver que de nuevo hay
    éxitos!

  5. 19/05/2010 15:17

    Muy bueno, Pablo! Re emocionante. Cuando se escuchaba “que de la mano del Bicho Borghi…” por la tele se te ponía la piel de pollo en serio!.

  6. masomoza permalink
    19/05/2010 19:22

    Jaja, muy bueno Pablin.. recién me tomé el tiempo de leerlo. La verdad que me emocionó mucho su victoria, merecida de aplausos aunque no pude dar suficientes por los problemas en el lado local que me dejaron sin ganas de cualquier festejo! jajaja
    beecho

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  1. AmorPorLaCamiseta, periodismo y deporte

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